jueves, 31 de mayo de 2012

2012-05-30 El Mamut filósofo

Abrí los ojos, 6:45 am.
Hora de levantarse, 7:13 am.
Clima, soleado.

Un campo extendido, abundante vegetación corta. Me encontré con mis compañeros de facultad, vi a la mayoría de ellos, recuerdo a Maggie, tan bonita y alegre, siempre me pregunté qué había detrás de su sonrisa. Recuerdo una exploración del sitio y la convivencia entre todos. Lo inesperado fue el precipicio que se veía en el horizonte, que al acercarse daba señas de los animales que ahí tenían su vida, eran mamuts, extintos, lo sé, pero es un sueño, todo puede pasar. Una vez llegando a la orilla del precipicio, además de la magnitud de los animales, me quedé perpleja al observar el paisaje que ante mis ojos se presentaba: un edificio muy alto a lo lejos, con árboles enormes vecinos a éste, por la izquierda baja, un sol, o por lo menos, su luz. Alto a la derecha-centro, se encontraba una enorme luna sonriente, centrada en un firmamento que hacía resaltar a un par de estrellas, el cuadro en conjunto era impresionante, lo admiré por unos instantes y regresé a donde mis compañeros, corriendo, por mi cámara, lo que observé era memorable como para no capturarlo. Regresé y me entregué por completo a quedarme con ese instante de cielo, durante mi labor, algo aún más asombroso sucedió, uno de los mamuts (no se cómo llegó hasta ahí) se acercó para hablar conmigo, por lo que dejé mi reciente actividad, para dedicarme ahora a platicar con el, nos sentamos en el primer lugar que encontramos, cómodamente, me preguntó si creía posible que pudiera coexistir su especie con la mía; lo pensé un momento y respondí que sí. Preguntó si estaba segura, respondí que sí, que debería existir el respeto por su especie. Convencido me dijo que no era posible, me aclaró que los humanos querrían su carne, su piel, su marfil, le mencioné que había humanos buenos, que yo era vegetariana (mentira, aqui y ahora aún no lo logro), respondió que no todos eran así y estaba seguro que nuestras especies no podían compartir el mismo especio-tiempo. Pensativa me quedaba, mientras él se retiraba. Me sentí con un vacío, desperté con esa imagen y con ese pensamiento; ¿somos tan crueles los humanos?

Me voy con la esperanza de un nuevo día.